Análisis Grand Theft Auto IV PS3

Escrito by Kid el 1 July, 2008
Archivado en Análisis

Grand Theft Auto IV (PS3, Xbox 360)

Hablar de Grand Theft Auto hoy en día es hablar de una de las sagas más famosas del mundo del videojuego, una consolidación ganada a pulso que ha ido mejorando su propia fórmula y ha sabido aprovechar tanto sus aciertos como sus errores. El éxito adquirido por la franquicia de Rockstar ha sido tan arrollador, exponenciándose a cada nueva entrega, que resulta inconcebible que el público mínimamente conectado a esto de los videojuegos no lo conozca.

Con Grand Theft Auto III para PlayStation 2, la saga modificó su apartado en dos dimensiones y su vista cenital para aportar un mundo de opciones para el jugador, una ciudad entera recreada en tres dimensiones donde podías elegir si realizar las misiones o dejarte llevar por lo atractivo que resulta generar el caos en una parodia constante del estilo de vida americano. La parodia sigue presente en esta entrega, pero es todo más épico y absorbente aunque para conseguirlo se haya tenido que sacrificar las múltiples y en ocasiones innecesarias opciones de San Andreas. El proyecto esta vez es más sensato y el juego se toma mucho más en serio a él mismo, pero la expectación que causa un lanzamiento de esta envergadura puede empañar sus virtudes y sus defectos. ¿Es GTA IV realmente un juego tan perfecto?

El sueño americano

Niko Bellic es un inmigrante del Este que llega a Liberty City, una fielmente recreada Nueva York, en busca del sueño americano prometido por su primo Roman, el cual le aconseja su instalación en la ciudad con el propósito de disfrutar de sus riquezas y sus mansiones. Una realidad ligeramente distorsionada, ya que Roman resulta estar hasta el cuello de deudas y su condición no es más que la de un pelele. De modo que como era de esperar nos toca a nosotros solucionar sus problemas y empezar la andadura por una historia bien hilvanada que guarda momentos francamente memorables.

Grand Theft Auto IV (PS3, Xbox 360)

Psicópatas megalómanos que nos asignan misiones de persecución, asesinato o infiltración, guerras demafias modernas que recuerdan a las anteriores entregas, y aunque puede resultar repetitivo, esta vez los personajes se conciben más trabajados y distantes entre sí, una variedad que insta a seguir jugando para descubrir todo lo que rodea a la historia.

Como siempre empezamos desde abajo, con pocos recursos y cumpliendo misiones sencillas que van abriendo nuevas opciones y recompensas hasta convertirnos en un renombrado asesino, un trabajo que sirve de pretexto al protagonista para perseguir su objetivo y encontrar a “ese alguien especial”.

Hay que decir que Grand Theft Auto IV no se distancia de la fórmula básica, de hecho es más de lo mismo. Pero hay un salto cualitativo notable, una sensación de madurez y un esfuerzo por recrear una historia creíble y cruda, un hilo argumental que refleje tanto la experiencia adquirida por el estudio como la obsesión por el detalle que colma cada apartado. De hecho esta vez el protagonista, Niko Bellic, tiene como hemos dicho un porqué y un objetivo claro en el juego, se muestra más al jugador y defiende una personalidad marcada y atrayente que contrasta con la fría y distante vida de los anteriores personajes.

Y se ha conseguido una confidencialidad con el jugador, una empatía y un sentimiento de interés por el protagonista que funcionan bien durante todo el desarrollo, marcado por alguna elección moral sorprendente y nueva en la saga, que harán que nos planteemos continuamente si la opción que hemos tomado es la correcta. Sin duda el sentimiento de estar controlando más que nunca la historia está presente y se siente la ciudad más viva que nunca.

Personas limpiando cristales, barriendo o escondiéndose de la lluvia, peleas repentinas, policías arrestando a malhechores, atropellos y en definitiva una interactividad de los habitantes de la ciudad que consigue hacer creer que Liberty City está ahí y no gira únicamente en torno a nuestras acciones. No es un elemento artificial, sino una protagonista más del juego. Tiene vida propia.


Deja un Comentario